Este artículo analiza el modo en el que los victoriosos trataron a los enemigos tras ser derrotados y los crímenes de guerra de los Aliados. Por desgracia se violó, torturó y asesinó, no a criminales, sino a mujeres, niños y ancianos.

No fueron hechos aislados sino que desde los distintos gobiernos, que se supone que tenían que proteger a la población indefensa, se alentó a tomar represalias contra el pueblo alemán, japonés y polaco.

Mientras que muchos jerarcas nazis, gracias a sus «redes de solidaridad», pudieron escapar y vivir una placida vida.

Pocas investigaciones históricas sobre los crímenes de guerra de los Aliados

Asimismo, es igual de sorprendente la falta de investigaciones históricas y de denuncias ante la justica de los crímenes que cometieron los aliados durante la que probablemente fue la guerra más documentada de la historia.

Ciertamente, se construyó una imagen desde las más altas esferas difundieron el mensaje de que la venganza y el enseñamiento no serían castigados.

No al menos, los cometidos en suelo alemán ya que la justicia sí que tomó cartas en el asunto en algunos de los crímenes que las tropas de EEUU cometieron contra los franceses.

La culpa colectiva

Giles Macdonogh nos recuerda su obra “Después del Reich: Crimen y Castigo en la posguerra alemana” que Hitler nunca obtuvo un porcentaje de votos superior al 37,4 y que en la última descendió al 33,1. De manera que incluso en el momento de más popularidad de los nazis el 62,6% del electorado alemán no se sintió atraído por su programa.

En este sentido, comenta que “en aquel momento Hitler no proponía, por supuesto, masacrar a los judíos europeos tampoco mencionó su deseo de enfrentarse a la Rusia soviética y esclavizar a los eslavos; ni dio a entender que acabaría hundiendo el hogar alemán y matando a muchos de sus moradores. De haberlo hecho, tal vez, hubiese obtenido más votos, pero mi opinión es que no”

Por ello, resulta injusto extender la culpa colectiva a toda la sociedad. Sin duda, se trataba de una forma de utilizar un arma más para alentar el ardor guerrero contra el enemigo.

Ahora bien, este tipo de mensaje se siguió lanzando en momentos de paz lo cual resulta todavía más injustificable. El ejército rojo alentaba a “no salvar al niño en el vientre de su madre” e incluso Stalin alentaba a sus soldados a causar el mayor daño posible a Alemania.


Está claro que la política de extender la culpa colectiva al pueblo alemán tenía la función de controlar los derechos de los alemanes y su soberanía nacional. Era una manera de tener mayor control sobre el tablero estratégico internacional que se estaba gestando y que desencadenaría la “Guerra fría”.

Las violaciones de los aliados en la posguerra Alemana

En marzo de 1945 el ejército alemán estaba prácticamente derrotado y las únicas ordenes que tenían era las de resistir hasta el último momento. La última gran batalla se libró en Berlín. La gran ofensiva soviética para conquistar Alemania comenzó en Vístula-Órder.

El ejército Alemán ya había dispuesto su estrategia para defender Berlín desde marzo de 1945. Tenían previsto el lugar por donde atacaría el ejército rojo y habían rodeado la ciudad para evitar que el ejército aliado entrara en esta.
A cargo de la defensa de Berlín estaba el general Helmuth Weidling.

A su disposición tenía tropas muy mal equipadas y que estaban agotadas después de 6 años de guerra. Se trataba de soldados supervivientes de la Wehremacht y las Waffen-SS, los niños-adolescentes que pertenecían a las juventudes hitlerianas.

Estos últimos eran combatientes civiles de entre 16 y 60 años. Ante la gran superioridad del ejército ruso no pudieron evitar su avance y comenzó se comenzó a luchar casa por casa mientras se acercaban al Reichstag.

Ante la inminente toma de Berlín Hitler se suicidó el 30 de abril. El 1 de mayo toda Alemania estaba bajo control de los soviéticos. Pero luchas continuaron hasta el 8 de mayo momento en el que se produce la rendición incondicional. A partir de este momento es cuando parte del pueblo alemán comienza a huir del ejército de Stalin y cuando comienza la venganza de los vencedores.

Los civiles fueron también quienes sufrieron las tremendas consecuencias de la derrota. La historiadora alemana Miriam Gebhardt en su libro «Cuando llegaron los soldados” asegura que las tropas aliadas violaron aproximadamente a un millón de mujeres y niñas al final de la contienda».

Berlín fue la ciudad en la que el ejército soviético se ensaño especialmente, según comenta el horror que se causó allí en la sociedad civil fue imborrable para la sociedad.

Los crímenes de guerra de estadounidenses y británicos


Asimismo, la autora asegura que, al contrario de la idea que estaba implantada hasta hace bien poco, estas tropelías no fueron solamente cometidas por soldados soviéticos sino también por los estadounidenses y británicos. Sin embargo, ¿cuál es la razón por la que estos crímenes no se han denunciado?

La investigadora, Gerhardt baraja la misma tesis que el investigador Alberto de Frutos: la vergüenza. No obstante, no se trata de una vergüenza relacionada por haber sido la víctima de una horrible violación sino porque desde los gobiernos de los aliados se realizó una campaña de propaganda para convencer al mundo de que los únicos culpables de la guerra habían sido los alemanes.

Como extensión de ello, convencieron a las propias mujeres alemanas de que cualquier abuso o castigo que sufrieran estaría justificado y que incluso sería pequeño en comparación con los atroces crímenes que había cometido Hitler.

Crímenes de guerra los aliados

Los gobiernos justificaban los crímenes de guerra de los Aliados


Tal y como mencionábamos en la introducción de este ensayo se utiliza el concepto de la culpa colectiva como arma militar y política. De esta manera, incluso después de haber vencido militarmente a los enemigos se busca destruir su psicología como forma de afianzar el poder. Para ello, la violación es un arma tristemente efectiva.

Desde los gobiernos de los aliados se realizó una extensa campaña entre los soldados para fomentar este tipo de delitos.
El propio Stalin justificó las violaciones de sus soldados asegurando que era normal que las cometieran y que se divirtieran un poco después de haber recorrido tantos miles de kilómetros y pasado tantas penurias.

Y en EEUU se animó a sus combatientes a que realizaran abusos sexuales a las mujeres alemanas con campañas de propaganda en las que se les daba numerosos consejos para llevarlas a cabo. Se les decía que los hombres estadounidenses eran muy atractivos y que las mujeres alemanas se sentirían atraídos por ellos de una manera inmediata. Por eso, si les decían no a sus insinuaciones en realidad lo que querían decir era, sí.

Las posguerra en el cine


Por desgracia, en la actualidad este tipo de comportamientos se siguen justificando. Una buena muestra de ello es la película “Corazones de Hierro” protagonizada por Brad Pitt y Shia Labebouf y ambientada en la Segunda Guerra Mundial.

En este filme bélico existen dos escenas que son especialmente inquietantes. En la primera de ellas podemos observar como después de la conquista de una ciudad alemana Brad Pitt y un joven soldado estadounidense se encuentran con dos atractivas mujeres alemanas mientras está saqueando su casa.

Al principio se sienten asustadas pero van cogiendo confianza, a medida que los combatientes les demuestran que no las van a matar, y que les dan de comer los alimentos que previamente les habían robado. En las siguientes escenas de la película, una de ellas confraterniza tanto con uno de los soldados que decide mantener relaciones sexuales con éste.

Según refleja el guión las mujeres estaban contentísimas con los atractivos soldados estadounidenses y no se sentían nada intimidadas por sus armas ni porque hubieran asaltado su casa por la fuerza. La otra escena es todavía más bizarra.

En ella, un grupo de mujeres espera en cola para mantener relaciones sexuales en un tanque con un par de soldados, que parecen divertirse tanto con las “conquistas” que han hecho, que están continuamente gastando burdas bromas entre ellos y riéndose.

Propaganda militar

Desde luego, esas situaciones no parecen nada creíbles y pasan por completo de lado las violaciones que se cometieron contra las mujeres alemanas. Dan a entender precisamente lo que proclamaba la propaganda militar, esto es, «los estadounidenses somos los buenos y las mujeres alemanas lo primero que querrán hacer cuando nos vean será intimar con nosotros».
A veces, según nos cuenta Gebhardt en su investigación, las mujeres y niñas alemanas también accedieron a mantener relaciones a cambio de cualquier alimento.

Ello se debía a que en aquella época las hambrunas para la población alemana eran tan severas que no tenían otro remedio. Así, la autora explica que por aquel entonces se solía decir que “tuvieron que pasar seis años para que los estadounidenses vencieran a los soldados alemanes, pero únicamente un día y una tableta de chocolate para que conquistaran a las mujeres alemanas”.

Otros dramas de las violaciones


La historiadora en su investigación también relata otro de los dramas que suponían aquellas violaciones ya que las mujeres alemanas tuvieron miles de hijos en los siguientes meses. “Los padres eran desconocidos y no recibieron ningún tipo de ayuda”, asegura Gebhardt.
La autora J. Robert Lilly en su obra Taken by Force calcula en 14.000 las violaciones cometidas por las tropas estadounidenses en Francia, Alemania y Gran Bretaña.

Al igual que ocurrió en Francia durante el Día D, la mayoría de las violaciones de los soldados de EEUU en Alemania fueron cometidas en grupo y a punta de pistola. La versión oficial que se ha dado al gran público siempre ha sido mucho más benigna. En el Canal de Historia existen varios documentales que minimizan las violaciones que se produjeron en Francia.

No se castigaban los crímenes de guerra de los Aliados

En el capítulo «La cara oculta del Día D» se da a entender que el número de violaciones por parte de las tropas estadounidenses fueron escasas y que estas recibieron su justo castigo por parte del general Patton.
El estudio de Lilly nos muestra como la cultura de la violación estaba extendida. Los soldados de EEUU tenían políticas para no confraternizar con los enemigos pero la frase «copular sin conservar no es confraternizar» se convirtió en una especie de himno para los combatientes.

Soldados de EEUU acechando alemanas


El corresponsal de guerra Osmar White fue empotrado con las tropas de EEUU y señala que la rama legal del ejército no era partidaria de hacer de hacer justicia de las violaciones que se producían. Sin embargo, en algunas ocasiones los delincuentes fueron fusilados por los abusos sexuales brutales que cometieron contra las mujeres alemanas.

Aunque la mayoría de los ajusticiados eran negros a pesar de que muchos de los violadores eran blancos.

El fin de los crímenes de guerra de los aliados


El peligro de las violaciones no desapareció hasta que llegaron los aliados occidentales en julio, y cuando los soviéticos se percataron que tenían una influencia negativa sobre su deseo de controlar a la población. Con la celebración de las elecciones libres, se apreció que Stalin no había conquistado la voluntad de los berlineses.


Los americanos criticaron duramente el mal trato que los rusos daban a las berlineses olvidando completamente la gran cantidad de violaciones que cometieron los combatientes de EEUU. Los rusos justificaban sus acciones diciendo que eso no era nada en comparación con el trato que habían recibido de los alemanes en su país.

Los estadounidenses y los soviéticos se enfrentaban


La situación fue crispando a los dos bandos y EEUU tratando de hacer justicia asumió que estaban autorizados a disparar cuando una mujer estuviera en peligro. Los disparos terminaron en el momento en que los rusos terminaron con las violaciones y los saqueos. La seguridad mejoró cuando las tropas rusas fueron acuarteladas en 1948.


Pero incluso después los soldados soviéticos cometieron algunos actos de pillaje. Sin embargo, desde mediados de 1945 los rusos que eran descubiertos violando una mujer podían llegar a ser condenados a muerte. A pesar de que hasta 1949 no se les aplicó ninguna medida disuasoria.

Las penas por una violación simple podían llegar hasta los 15 años, pero en el caso de que la víctima fuera una niña, el castigo iba desde los 10 a los 20 años.

El bombardeo de Dresde


Durante los días 13 y 14 de febrero cuando Alemania se encontraba derrotada los bombarderos de EEUU y de Inglaterra destruyeron completamente, Dresde la ciudad que era considerada la Florencia del Elba. Sin que nadie pudiera imaginarlo sus habitantes se convirtieron en víctimas de uno de los ataques más potentes y crudos de los aliados.

Convirtieron la ciudad en unas ruinas humeantes cuya visión ha sido comparada con el apocalipsis que supuso Hiroshima y Nagasaki. Uno de los pilotos del bombardero, el teniente Frank Musgrave describió el ataque de la siguiente manera: “Veíamos una escala de destrucción sin precedente histórico”. Los testimonios de las víctimas todavía impactan: “¡Todo Dresde era un infierno!”- afirmó Gerhard Kühnemud que el momento del bombardeo tenía 15 años.

“en las praderas junto al Elba, decenas de miles de personas abarrotan la poca tierra libre de fuego: muertos y heridos, personas que rezan y dementes”. Incluso en Inglaterra causó conmoción en su momento.

Afirmó uno de los supervivientes del bombardeo de Dresde

El diputado laborista británico preguntó de manera irónica: “¿El bombardeo de terror forma parte de la política del gobierno?”. Pero historiadores británicos pasaron durante años por alto en sus crónicas la destrucción de Dresde. La amplia Historia oficial de la USAAF únicamente emplea 18 líneas a un bombardeo que según cifras de las autoridades alemanas había causado 200.000 muertos.

La venganza de los aliados


Durante la guerra, el Reino Unido siempre había atacado objetivos militares que habían causado pocos resultados y muchas bajas a su ejército. No obstante, incluso cuando Inglaterra estaba al borde de la derrota en 1940 jamás dejaron de realizar bombardeos para mantener la moral de la población.

Y Churchill sabía que la venganza formaba parte de la moral: “Bombardearemos Alemania de día y de noche (…) haciendo degustar al pueblo alemán todas la veces una fuerte dosis de las miserias que ellos han esparcido por la humanidad”. Además, haber optado por un bombardeo con precisión hubiera implicado más bajas de las escuadrillas pilotos británicas ya muy mermadas.

Por eso se optó por un bombardeo de área, a mayor altitud lo cual significaba que moriría un mayor número de civiles.

Tormenta de fuego


La táctica de bombardeo consistía en elegir un área y enviar sobre ella centenares de aviones cargados de bombas que debían de impactar en una extensión no superior a 5 km del epicentro. Ello significaba que los civiles se convertían en víctimas de los bombardeos. La intención era minar la moral de la población alemana. Esta táctica fue llamada “tormenta de fuego” e incluía un número equilibrado de bombas incendiarias y explosivas.

El objetivo era que se formarán una serie de incendios que al unirse crearan uno mayor que fuera imposible extinguir. La temperatura podía alcanzar los mil grados, lo que hacía que la gente de alrededor se cociera o que sus pulmones se quedaran sin aire. Asimismo, eran momentos complicados para Churchill que tenía que soportar que las bombas volantes cayeran continuamente sobre Londres. Por ello, se propuso un bombardeo sobre alguna ciudad alemana que forzara la rendición inmediata del ejército enemigo.

Bombardeo Dresde en la Segunda Guerra Mundial

Por otro lado, quería demostrar a Stalin el compromiso de EEUU e Inglaterra con la guerra y la capacidad destructiva que tenían. Los primeros avisos de alarma sonaron a las diez menos veinte. Pero la población no hizo demasiado caso acostumbrados como estaban a las alarmas no prestaron una especial atención. Los Mosquitos de la escuadrilla de RAF, volando a baja altura, mediante rojas y verdes señalaron los objetivos.

Las columnas de humo se podían divisar a 80 kilómetros

Únicamente, entonces se dieron cuenta del peligro real y la radio comenzó a avisar a la población. El ataque únicamente duro 20 minutos pero fue un auténtico infierno destructivo de fuego. Las columnas de humo se podían divisar a 80 kilómetros. El segundo bombardeo llegó a la 1.30, y las bombas se lanzaron desde mayor altura ya que los pilotos no tenían visibilidad.

Los 525 Lancasters tuvieron que cambiar la zonas que querían atacar ya que todo estaba destruido los bombarderos tuvieron que soltar sus bombas en zonas no afectadas. Nuevamente, fue una masacre muchos alemanes se tuvieron que lanzar a depósitos de agua -para no morir cocidos- en lo que cuales muchos murieron ahogados.

Incluso el asfalto se derritió debido a las altas temperaturas que alcanzaron. “Era aterrador. Algunas personas, especialmente los ancianos, comenzaron a quedarse atrás. En actitud de apatía, se sentaban en la calle o sobre escombros y, simplemente moría asfixiados”, son las palabras del soldado Berthold Meyer testigo presencial de los hechos.

El bombardeo de Dresde tuvo un gran impacto mediático. En ese mismo año Churchill ordenó que se cambiaran los protocolos de bombardeos sobre Alemania.

Moralidad y legalidad en el bombardeo de Dresde


En su obra Dresde Frederick Taylor relata que únicamente unas horas después de haberse iniciado la Segunda Guerra Mundial, Franklin D. Roosvelt, en septiembre de 1939 ordenó a sus tropas que los ataques se limitaran únicamente a blancos militares. En ese mismo mes, Alemania se sumó al mismo acuerdo.

Únicamente cuando había transcurrido un año, el régimen nazi realizó bombardeos de manera sistemática en Londres y en varias ciudades inglesas cercanas. El resultado fue miles de muertos civiles y ciudades enteras destruidas o dañadas.

La intención era crear «tormentas de fuego» que incendiaran ciudades enteras y que las temperaturas fueran muy altas.
El debate sobre la moralidad y legalidad de los bombardeos realizados en Dresde comenzó a producirse durante el mismo transcurso de la guerra y existe un amplio número de investigaciones al respecto.

¿Era necesario el bombardeo de Dresde?

La discusión se centra en relación a si no hubiera sido mejor evitar las destrucciones de Dresde, Hiroshima y Nagasaki mediante demostraciones democráticas.
Los argumentos que esgrimen para rechazar el bombardeo de Dresde se centran en que se trataba ante todo de una ciudad cultural y no tenía ninguna instalación militar.

Además, hay que tener en cuenta que el número de muertes (según algunos historiadores era 100.000) fue comparable e incluso superior al de Hiroshima y Nagasaki.

La ciudad al inicio de la guerra la población era de 650.000 habitantes (200.000 eran refugiados civiles que huían del Ejército Rojo).

El debate del número de muertes


Por otro lado, existe una corriente revisionista de historiadores que pone de manifiesto que el marco moral ambivalente de los datos que se habían presentado hasta el momento. En este sentido, ponen en duda que Dresde fuera una ciudad de nula importancia militar. Esta tesis está alimentada por documentos que se encontraron en la Oficina de Armamentos del Alto Comando del Ejército Alemán.

Según esta información en Dresde habría 127 fuentes manufactureras de armas, municiones y equipos individuales.
En los que se refiere al número de muertes causadas por el bombardeo, los autores que han investigado con más solvencia y han contado con las mejores fuentes, afirman que la cifra de fallecidos en la destrucción de Dresde podría oscilar entre las 25.000 y 40.000. Y es muy posible que la cifra real se acerque a la parte inferior de este intervalo.

Incluso, para algunos historiadores el número de muertos se situaba en los 18.000.

El ataque atómico contra Hiroshima y Nagasaki


Han transcurrido 75 años desde el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki y todavía continúa el debate sobre si era necesario realizarlo para obtener la victoria en la Guerra del Pacífico de una manera ventajosa para EEUU y si fue ético. Más de 100.000 personas murieron casi al instante de ser lanzadas.
En agosto de 1945 se lanzaron, las bombas „Little Boy‟ y „Fat Man‟, en Hiroshima y Nagasaki bajo el mandato de Harry S. Truman. En su mayoría mataron a civiles y se supone que sirvieron como elemento disuasorio para que Japón firmara la rendición incondicional.

Los bombardeos atómicos cambiaron el mundo y abrieron una ventana a la destrucción total con solo apretar un botón.
La historiografía que justifica que la bomba era necesaria esgrime que los japoneses habían demostrado una resistencia fanática.

Así, lo demostrarían los ataques kamikazes de Okinawa, las gran resistencia que ofrecieron hasta que no quedó ni un hombre en la islas del Pacífico; y los suicidios masivos de Saipan.

Por ello, una invasión a Japón habría costado un gran número de muertos en los dos ejércitos que habría sido mayor que los caídos en el bombardeo. Y de todas formas, según los defensores de esta teoría, las dos ciudades habrían sufrido bombardeos incendiarios.

Revisionismo sobre los crímenes de guerra de los aliados


Robert James Maddox en The myths of revisionism afirma que a pesar de que el uso de bombas atómicas fue horrible: «Era la última y horrible decisión. Los otros caminos eran una invasión y los bombardeos constantes. De manera que las bombas pudieron salvar miles de vidas de americanos y millones de japoneses».
Por su parte, los que se muestran contrarios a la utilización de la bomba atómica argumentan que Japón ya estaba listo para rendirse incluso antes de los bombardeos. Es más, la negativa de EEUU de mantener al emperador tras una hipotética rendición hizo que la guerra se alargara. Asimismo, si se quería hacer una demostración de fuerza simplemente habría bastado una explosión controlada sobra la bahía de Tokio.

Por otro lado, las ciudades no tenían valor militar ya que había seis ciudadanos por cada militar. E incluso si hubiera estado justificado el bombardeo de Hiroshima no les dieron tiempo para evaluar los efectos de la bomba antes del bombardeo de Nagasaki.
En este sentido, Martin J. Sherwin en su obra American Prmetheus: The Trimph and Tragedy of J Robert Oppenheimer afirma que:

“Japón se hubiese rendido de todos modos. Al tirar la bomba atómica, EEUU lanzó al mundo el mensaje de que las armas nucleares eran le legítimas en una guerra”.

Martin J. Sherwin

¿La bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki era necesaria?


Tal y como hemos señalado la controversia entre los historiadores se limita a discutir si era necesario lanzar la bomba o no. Sin embargo, no hay una discusión real sobre la moralidad de utilizar armas nucleares debido a sus consecuencias devastadoras. La utilización de las mismas supuso rebasar la barrera de lo que es moral o inmoral, y crear una nueva categoría del significado de barbarie.

Así, también era un mensaje de advertencia dirigido a la Unión Soviética, potencia con la que ya había comenzado a romper relaciones tras vencer a los nazis lo cual provocaría una carrera armamentística y un aumento de las tensiones entre ambas potencias durante la Guerra Fría.

La primera bomba atómica


Según relata Gar Alperovitz en Atomic Diplomacy el gobierno de Truman atrasó la reunión de Potsdam de los Tres Grandes el día siguiente de la prueba Trinity, la primera bomba atómica en el campo de pruebas de Alamogordo, Nuevo México, con el objetivo de dotar a Truman de más fuerza diplomática en las negociaciones con Stalin. El propio Truman dijo “la bomba atómica va a poner firmes a los rusos y a nosotros en posición de dictar nuestros propios términos al final de la guerra”.

De hecho, Alperovitz explica que a Truman ya no le importaba que la Unión Soviética liberara liberara la China (Manchuria) de la ocupación militar japonesa, tal y como había acordado Churchill y Stalin en la conferencia de Yalta, y todavía menos que invadiera o conquistara Japón.

El propio Albert Einstein mostró su queja por la utilización de la bomba atómica ya que “la mayoría de los científicos se oponían al empleo repentino de la bomba atómica” y decía sospechar que “el asunto se precipitó debido al deseo de acabar la guerra en el Pacífico de cualquier modo para que no participara Rusia”.

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Churchill dijo en privado a su ministro de exteriores en Conferencia de Potsdam que “está muy claro que en estos momentos Estados Unidos no quiere que Rusia participe en la guerra contra Japón”. Incluso dentro del ejército de EEUU el general George C. Masshall, Jefe del Estado Mayor del Ejército, también se ponían a que se utilizara la bomba atómica en zonas civiles.

Así, explicaba que tendrían mucha más utilidad utilizarla “en objetivos estrictamente militares como unas grandes instalaciones navales”. Y recomendaba avisar previamente para que se evacuara previamente la zona para que “con estos métodos de advertencia se pudiera compensar el oprobio que podría producirse a consecuencia de un empleo poco meditado de esa fuerza”.

La masacre de Katyn


En los inicios de la Segunda Guerra Mundial, Polonia sufrió la masacre de Katyn una de los mayores crímenes de guerra de los Aliados y de la historia contemporánea. Un crimen de guerra que tuvo un impacto duradero en la memoria colectiva. En total murieron unas 25.000 personas entras las que había soldados pero también las elites de la intelectualidad polaca, entre los que se encontraban escritores, científicos e incluso un premio nobel.


El acuerdo de no agresión que firmaron Alemania, conocido como Molotov-Ribertrop, permitió el reparto de Polonia entre las dos potencias. En septiembre de 1939 el ejército ruso cruzó la frontera de Polonia.

El núcleo de las fuerzas militares polacas se encontraba centrado en el avance de los nazis. En los comienzos, los dirigentes políticos pensaban que los rusos venían a ayudar a los polacos. El propio embajador soviético había ayudado a realizar el engaño.

Masacre_katyn

El engaño


El éxito de la treta fue tal que la cúpula militar ordenó no abrir fuego contra el Ejército Rojo. Sin embargo, los rusos trataron a los polacos como si fueran el enemigo. Les ordenaron rendirse.

Pero como no acataron sus órdenes dispararon a los oficiales que estaban negociando su rendición sus tropas. Dos semanas después las últimas tropas polacas se rindieron. Los rusos hicieron 25.700 presos que reunían a las élites políticas, culturales, científicas y militares del país.


El jefe de la policía secreta soviética, Lavretia Beria, en un documento clasificado como ultrasecreto, recomendó la ejecución de los presos clasificándolos como “permanentes e incorregibles enemigos del poder soviético”. Por ello, había que “juzgar” a los prisioneros en tribunales especiales, en los que se sustituiría la comparecencia y el acta de acusación por certificados de culpabilidad.

La pena era el fusilamiento. La firma de Stalin, líder supremo de la Unión Soviética rubricó la orden.
Durante la primavera, el bosque de Katyn se convierte en el lugar de la terrible masacre. Aproximadamente 22.000 miembros de la élite polaca son fusilados de uno en uno con un tiro en la nuca.

Después de recibir el tiro de gracia eran enterrados en una fosa común. Únicamente sobrevivieron 448 detenidos que fueron amnistiados y se unieron al ejército polaco que era aliado de la Unión Soviética.

En busca de la verdad



La lucha por conocer la verdad de lo ocurrido en Katyn se convirtió en el movimiento disidente y democrático polaco, del que se creó el sindicato Solidarnosc. Como resultado de ello se creó un simbolismo sagrado en el que se sitúo en Katyn el lugar en el que el mal destruyó el bien.

Pero este movimiento dio paso a dos posturas enfrentadas. Por un lado la que predomina en Polonia que considera que fue un genocidio y por otro la que abanderan historiadores occidentales que afirman que las intenciones de Stalin fueron realizar un asesinato de clase.


Estos últimos objetan que Stalin también había deportado a decenas de miles de polacos entre los que había pequeños campesinos o trabajadores, esto es, representantes de las clases trabajadoras que en la ideología socialista estaban llamados a convertirse en la clase dirigente.

Conclusiones sobre los crímenes de guerra de los Aliados:


Las numerosas investigaciones realizadas por historiadores y la documentación que las avalan demuestran que los gobiernos Aliados, no solo ignoraron sino que promovieron muchos crímenes de guerra en la Segunda Guerra Mundial. Principalmente por esta razón, algunos aspectos referentes a esta contienda todavía permanecen silenciados y no han recibido la atención que merecen por parte de los investigadores.

Una buena muestra de ello son las violaciones en masa en la posguerra en Alemania. Son pocos los historiadores e investigadores que se han atrevido a profundizar en los crímenes cometidos, contra nada y menos, que un millón de mujeres, en pleno corazón de la Europa occidental. Asimismo, la propia población alemana fue la que silenció estos actos horrendos hasta épocas muy recientes.

El silencio de las víctimas


Y lo mismo ocurrió en Japón. ¿Cómo se puede definir el bombardeo con armas atómicas de Hiroshima y Nagaski, sino es utilizando el calificativo de crímenes de guerra de los Aliados o genocidio? Sin embargo, las propias autoridades japonesas e incluso la población parecen olvidar esta realidad y centrarse más en cerrar las heridas con EEUU.

A pesar de que este un suceso que está profundamente arraigado en la memoria colectiva de Japón y que ha dado paso a toda un cultura ya sea en literatura, cine o cómics que tiene como referente el apocalipsis.
Lo mismo podemos decir para el bombardeo de Dresde.

Es evidente que la destrucción de aquella ciudad que tenía nulo valor militar para los aliados era perfectamente evitable, en un momento en el que la guerra ya estaba finalizando. Las pruebas los demuestran. A pesar de que los algunos historiadores británicos se esfuercen en demostrar que había factorías militares en la ciudad.

Castigar a los alemanes

Estas son investigaciones realizadas, a posteriori, en los informes de guerra de la RAF el bombardeo no se justifica por este motivo.
Todo lo contrario, se destaca la necesidad de dar una lección al enemigo que sirva para estar en una posición de fuerza en las negociaciones con la Unión Soviética. Además, el propio Churchill se muestra partidario de vengarse de Alemania por las bombas voladoras que estaban cayendo sobre Londres.

Por lo tanto, todo apunta a que aproximadamente murieron unas 40.000 personas en medio de tormenta de fuego en Dresde simplemente por el deseo de venganza de los británicos.
No obstante, en la actualidad ni siquiera las autoridades alemanas manifiestan su malestar de una manera oficial por los crímenes de guerra de los Aliados en medio de una guerra ideológica entre la derecha y la izquierda.

El presidente alemán, Frank Walter Steimer, insta a recordar a las víctimas «sin instrumentalizar políticamente su dolor por los que quieren manipular la historia y quieren abusar de ella como un arma».

Unas frases ciertas pero olvida que el bombardeo de Dresde fue también un crimen de guerra y como tal los Aliados también tendrían que pedir perdón.

Sentimiento de culpa colectivo


Todo lo que subyace de este tipo de actitudes, y del miedo a pedir una justa memoria a las víctimas de sus propios países, es el sentimiento de culpa. Esto es la culpa porque los deseos expansionista de la Alemania nazi y el Japón imperial causaron, millones de víctimas y un sufrimiento irreparable al mundo.
Pero ello no es óbice para que se justifique la venganza sin justicia de los otros. Porque eso significa seguir alimentado en el futuro una espiral de odio y de salvajismo que puede provocar nuevas guerra mundiales. Una víctima es una víctima sea rusa, polaca, judía, alemana o japonesa.
Es muy posible que en los próximos años la historiografía y la opinión pública acepten de una manera mucho más unánime los crímenes de guerra aquí relatados. Únicamente, ha ocurrido este fenómeno para el caso de la matanza de Katyn que fue admitida por primera en vez 1992 por la Unión Soviética.

Incluso recientemente Putin, el presidente ruso ha participado en un homenaje a las víctimas admitiendo los crímenes de guerra. En este sentido, se observa una ola revisionista que cada vez tiene más investigaciones que pueden ofrecer una perspectiva diferente de la Segunda Guerra Mundial y permita esclarecer los crímenes de guerra de los Aliados.



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