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La construcción de la identidad nacional española

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La construcción de la identidad nacional Fuente: La Tribuna del País Vasco.

Desde que a mediados del siglo XIX comienza a debatirse sobre el proceso de nacionalización española este ha sido uno de los temas estrella entre los historiadores. Una de las aportaciones más importantes, sobre la construcción de la identidad nacional se ha centrado en los mecanismos de nacionalización.

Han sido variados los temas y los enfoques. Sin embargo, desde una etapa temprana ya a mediados el siglo XIX se comienza a poner el interés en la debilidad de la nación y el incompleto acabado de la misma[1]. Ello no ha sido óbice, para que no se hayan podido asentar algunas bases en las que todos los historiadores coinciden. Así, se han llegado a consensos en España sobre el carácter construido de la identidad nacional y la relevancia de las prácticas culturales[2].

En la década de los noventa, Borja de Riquer[3] se plantea por qué Cataluña se había presentado como un proyecto distinto al que representaba España. En su opinión, esto fue posible debido a que España durante el Estado liberal decimonónico había fracasado en su intento de construir una identidad nacional.

El desastre de 1898 habría provocado el surgimiento de nuevas identidades nacionales que sí que habrían triunfado en conformase como plenas.

En este sentido, Riquer desarrolla una serie de teorías para argumentar la debilidad del proceso formador de la identidad en España.

El eje principal de esta tesis es la existencia de un Estado débil que no se consolida debido a que la revolución liberal no había sido completa y que se encontró aquejada de grandes problemas financieros y guerras civiles.  

Por lo tanto, se trata de un Estado incapaz de asentarse y de cumplir el objetivo de formar una nación. Tal y como se puede apreciar en la circunstancia de que la educación universal se implanta tarde, sin apenas medios y dependiente de la Iglesia.

Asimismo, el ejército tampoco era una herramienta de nacionalización ,ya que implementó un sistema de quintas injusto que hacía que el pueblo no se sienta identificado con su nación. De igual manera, el Estado no sabía cómo hacer para que el pueblo adoptara como suyos los símbolos nacionales.

Por otro lado, argumenta que todos los recursos que había puesto el Estado para lograr el bienestar y la estabilidad se administraban de una manera arbitraria. Finalmente, el modo de gobierno que había instalado el liberalismo era herencia del anterior sistema político y caracterizaba por ser caciquil y oligárquico.

            Esta visión tuvo gran aceptación entre los historiadores pero fue Álvarez Junco quien ayudó a que se consolidara[1]. Según, este autor en su obra la derecha reaccionaria y católica se apropió del significado de nación[2]. Lo que provocó que su espíritu liberal inicial desapareciera y que en muchos extractos sociales consideraran al Estado como incapaz de establecer unos valores culturales y educativos.

España, mater dolorosa

El resultado fue que se minó la credibilidad de España tanto dentro del país como fuera. Esta sensación de derrota se acrecentó a finales de siglo con el desastre que supuso la pérdida de las últimas colonias.

A partir de ese  momento, según, Álvarez Junco, la visión que se instala en el imaginario católico es la de la Mater dolorosa que únicamente está capacitada para sobrevivir.

            Sin embargo, no toda la historiografía  contemporánea apoyó las tesis de la débil nacionalización de España de Álvarez y de Riquer. Algunos historiadores no sustentaban la tesis de que el mal gobierno del estado liberal propició una débil nacionalización.

Entre ellos estaba, Juan Sisinio Pérez Garzón, quien aseguraba que no se ponía en valor lo suficiente los logros del Estado-liberal burgués al que se le debía la creación de la unidad política y la construcción de un mercado nacional.

Benito Pérez Galdós y sus obras

            De esta manera, los historiadores que más duramente contradijeron la tesis de una débil nacionalización fueron Ferran Archilés y Manuel Martí[3]. Según estos autores las críticas por la debilidad del estado liberal no están justificadas ya que fue capaz de transformar las estructuras sociales, políticas y económicas del anterior sistema.

En esta línea, Salvador Catalayud y Jesús Millán en sendas investigaciones concluyeron que el estado liberal consiguió un gran cambió en la sociedad y la transformación política y económica de la misma. Lo cual fue fundamental en la transformación económica[4].

Patriotismo español en Cataluña

Respecto a las identidades regionales que pervivían antes del proceso de modernización se unieron a las voces de otros historiadores para asegurar que fueron complementarias a la idea de España. Josep María Fradera se opuso a la historiografía nacionalista catalana y defendió la idea de que en Cataluña existió «un doble patriotismo» en el que coexistieron en armonía las identidades catalana y española[5].

Plantean la problemática desde una perspectiva comparada y aseguran que desde el siglo XIX todos los estados incluido el francés tuvieron que asentar con urgencia el proceso nacionalizador. Por lo tanto, el español no sería una exclusividad con respecto a otros países de Europa.

De igual manera, se ha hecho hincapié que las dificultades para que los símbolos nacionales fueran aceptados se repitieron en muchos países de Europa[6].

De hecho, los contrarios a la tesis de la débil nacionalización destacaron que los enfrentamientos por los símbolos se dieron porque los distintos actores se querían apropiar de los mismos y no porque no los aceptaban.

La investigación de la educación desde una perspectiva comparada que realizaron estos historiadores les hizo llegar a la concluir que la supuesta poca implantación del sistema educativo en España tampoco es una excusa para justificar la debilidad del estado. La nacionalización de la escuela no fue tomada con seriedad en ningún país occidental hasta casi finales de siglo.

Sentimiento de identidad española

            Sin embargo, toda la investigación historiográfica sí que coincide en subrayar que los conflictos bélicos fueron mecanismos nacionalizadores efectivos.

En el caso español, la Guerra de la independencia y los conflictos coloniales sirvieron para fomentar el sentimiento de nacionalidad. Incluso las guerras carlistas que fueron vendidas por el nacionalismo vasco moderno como contiendas por la libertad del pueblo vasco, según Fernando Molina, no serían más que una guerra civil entre distintas formas de defender España contra las invasiones extranjeras[7].

            En lo que se refiere a la nacionalización en el mundo de la cultura el debate ha sido menor, debido a que el mundo artístico e intelectual estaba totalmente nacionalizado ya que la identidad española fue una preocupación para artistas, investigadores, historiadores y políticos, entre otros.

Pero el problema radica en saber hasta qué punto la población había recibido esta herencia y se identificaba con la misma[8].

Nuevos horizontes en la construcción de la identidad nacional

La historiografía comienza a asumir que muchos enfoques de la débil nacionalización durante el siglo XIX no se sostienen. Historiadores como José Álvarez Junco, María Cruz Romeo Mateo, Nigel Townson en su obra ¿España diferente? critican que muchos autores afirman la excepcionalidad de España sin haber hecho estudios comparativos reales. Así, fenómenos como el anarquismo, el caciquismo, el tradicionalismo, las guerras civiles en los siglos XIX y XX o el franquismo se asumen como típicamente españoles.

Sin embargo, incluso Álvarez Junco admite que en una perspectiva comparada es difícil afirmar que España sea diferente[1].

            Las nuevas tendencias en investigación sobre la construcción de la identidad nacional se dirigen a considerar este proceso como algo que permanece en todo momento abierto y que necesita ser apuntalado constantemente. De manera que no tendría que por qué considerarse que existe un solo momento fundador.

En esta línea, las nuevas teorías consideran que hay que estudiar los diversos caminos de construcción de la nación desde el punto de vista de los individuos[2]. El objeto de este enfoque es descartar que fueran sujetos pasivos y saber hasta qué punto estaba la nación presente en ellos.

En definitiva, la intención de estos nuevos enfoques es cuestionar o replantear cómo se han llevado hasta ahora las investigaciones. La tendencia hasta ahora había sido la de considerar el proceso nacionalizador como un mecanismo en el que todos factores se iban sumando poco a poco hasta construir la nación y considerarla un proceso acabado.

Desde esta perspectiva se consideraría a la nación española todavía como incompleta[3]. Como ejemplo de ello, tendríamos los nacionalismos que serían la respuesta a una España inmadura.

Cambio de enfoque

Sin embargo, la construcción de las identidades es un proceso mucho más complejo y que obedece a distintas fluctuaciones que se van retroalimentando en el tiempo. Y que no necesariamente tiene como fin obedecer a una lógica racional ya que factores como el sentimiento pueden influenciar de una manera u otra.

Así, actores que en un momento determinado han defendido una causa en otro momento determinado de la historia pueden defender la contraria.

Ello no quiere decir que las investigaciones hasta ahora realizadas no aporten un gran valor y que no sean útiles para posteriores investigaciones. Ni si quiera se puede afirmar que haya errores de bulto. Pero sí que habría que cambiar es el enfoque y mirar todo el bosque en su conjunto y no únicamente una pequeña parte de este.

Por eso, este artículo propone una mirada comparativa entre naciones que nos permita comprender mucho mejor la construcción de la identidad nacional.

El planteamiento de los estudios comparativos  en la investigación de las identidades colectivas es relativamente novedoso pero sumamente esclarecedor y puede ofrecer resultados que nos permitan cambiar muchos conceptos que suponíamos fijos.

Lo cual nos aporta una nueva metodología científica para realizar investigaciones que permitan comprender mejor el proceso de nacionalización sin tener que caer en el derrotismo por considerar que este no ha sido finalizado. Asimismo, estas herramientas nos habilitan para huir de las concepciones nacionalistas que consideran la nación como un concepto absolutamente cerrado.

En esta línea, en el presente artículo se analiza la narrativa  que se ha realizado para construir la identidad nacional y cómo ha sido interpretada por la población, el mundo de la cultura y los dirigentes del país. El objetivo es comprender mejor cómo el mensaje que se difundió tanto desde el exterior como en el interior pudo ayudar a afianzar el sentimiento de nación o todo lo contrario.

Estudio comparativo con Francia e Inglaterra

Para ello, se hará un estudio comparativo con el relato que construyeron los pueblos de Francia e Inglaterra y como alteró la propia visión que tenía y sigue teniendo el pueblo español de sí mismo.

Sin embargo, comparar naciones presenta problemas de carácter metodológico pero también oportunidades ya que tiene en sí mismo un valor heurístico[4]. Y nos ayuda a plantearnos nuevas preguntas y acudir a otras fuentes. Lo cual nos da una nueva perspectiva de nosotros mismos y de los demás. Pero sobre este tema se hablará más detenidamente en el siguiente capítulo.

La cuestión que subyace en este capítulo es si existió una débil nacionalización en España. A tenor de la mayoría de investigaciones parece evidente que el proceso nacionalizador no adoleció de deficiencias estructurales significativas, si lo comparamos con otras naciones de Europa.

El gobierno liberal con sus aciertos y con sus errores supo crear las infraestructuras necesarias para construir un estado de derecho garantista y modernizar el país.

 Ahora bien, más difícil de medir es la cuestión de los símbolos y la manera en la que unos y otros se identificaban con ellos. La investigación historiográfica apunta a que lo que se discutía no era la existencia de la nación española sino qué orientación política se apropiaba de los mismos.

Exceptuando, los nacionalismos periféricos que elaboraron su propio discurso pero estos eran minoritarios, tal y como veremos.

En este sentido, es necesario decir que tanto las disputas por los símbolos, como el discurso nacionalista y una especie de sentimiento de inferioridad respecto a la identidad nacional española se han mantenido en el tiempo. Este aspecto también está relacionado con la narrativa que se ha realizado sobre la identidad española, y que se expondrá en el siguiente artículo de Actualidad Histórica para tratar de comprender mejor también si existe la débil nacionalización o cómo se podría matizar este concepto.


[1] Townson, N., Álvarez Junco, J., Romeo Mateo,  M. C., Malefakis., E. & RadCliff, P. (2010). ¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIX y XX), Madrid. Taurus. (Pp. 13-20).

[2] Archilés, F. (2004). ¿Experiencias de nación? Nacionalización e identidades en la España

Restauracionista (1898-c. 1920). Universidad de Valencia.

[3] Miralles, X. A. (2016). La nacionalización española en el siglo XIX. Un nuevo balance (Spagna Contemporanea 49, 2016, p. 183). Spagna Contemporanea

[4] Townson, N., Álvarez Junco, J., Romeo Mateo,  M. C., Malefakis., E. & RadCliff, P. (2010). ¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIX y XX), Madrid. Taurus. (Pp. 13-20).


[1] Miralles, X. A. (2016). La nacionalización española en el siglo XIX. Un nuevo balance (Spagna Contemporanea 49, 2016, p. 171). Spagna Contemporanea

[2] Ávaréz Junco, J. (2010). Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX. Taurus. (Pp 86-88)

[3] Archilés, F, Martí. (1999). La construcción de la nación española durante el siglo XIX: logros y límites en la asimilación del caso valenciano. Universidad de Valencia. (Pp. 9-130)

[4] Catalayud, S. Romeo M.C. (2001). Estado y periferias en la España del siglo XIX: Nuevos enfoques. Universidad de Valencia. (Pp. 9-130).

[5] Fradera, JM. (1992). Cultura nacional en una societat dividida: patriotisme i cultura a catalunya (1838-1868). Curial.

[6] Serrano, C. (1999). El nacimiento de Carmen: símbolos, mitos, nación. Taurus.

[7] Molina, F. (2005). La tierra del martirio español. El País Vasco y España en el siglo del nacionalismo. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

[8] Miralles, X. A. (2016). La nacionalización española en el siglo XIX. Un nuevo balance (Spagna Contemporanea 49, 2016, p. 180). Spagna Contemporanea


[1] Archilés, (2002): ARCHILÉS I CARDONA, F. ¿Quién necesita la nación débil? La débil nacionalización española y los historiadores. VI Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Usos públicos de la Historia. 1. (p. 302).

[2] Miralles, X. A. (2016). La nacionalización española en el siglo XIX. Un nuevo balance (Spagna Contemporanea 49, 2016, pp. 169-184). Spagna Contemporanea.

[3] De Riquer, (1994a): DE RIQUER I PERMANYER, B. La débil nacionalización española del siglo XIX. Historia Social, 20, 97-114.

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Soy periodista y profesor de Ciencias Sociales, en definitiva, me encanta contar historias que mejoren las vidas de las personas. Por eso, mi pasión es la literatura. Además, soy aficionado a los videojuegos, el cine, la música y las series. Y aunque no lo parezca por esta descripción, no siempre estoy sentado, me gusta hacer deporte, ya lo decía Juvenal: "Mens sana in corpore sano".

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