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Un estudio afirma que los vikingos fueron los primeros en pisar América, sin embargo Colón fue el descubridor

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Representación de Vikingos llegando a América.

Desde hace siglos se especulaba sobre quiénes fueron los primeros en pisar la tierra americana. En relación a este tema, se vertieron teorías de lo más imaginativas en las que hablaba sobre egipcios, fenicios e incluso japoneses. Pero, un estudio – Evidence for European presence in the Americas in AD 1021– publicado por la revista Nature afirma que «la exploración transatlántica tuvo lugar siglos antes de la travesía de Colón». Según esta investigación, en Terranova (Canadá) se pueden encontrar pruebas físicas de la presencia europea temprana en las Américas en el años 1021.

El video muestra la manera en la que los vikingos pisaron América.

Sin embargo, el descubrimiento fue protagonizado por los españoles, que fueron los primeros en darse cuenta de que más allá del atlántico había un Nuevo Mundo, y en la importancia de este hallazgo. Pero este cambio de percepción no se produjo hasta varios años después de la llegada de Colón, cuando los descubridores se fueron percatando de que el lugar al que habían llegado no estaba conectado por tierra al resto de tierra conocida hasta el momento, tal y como se suponía de la India, sino que formaba parte de un nuevo continente.

La importancia de la investigación

No obstante, la importancia de la investigación llevada a cabo por Nature radica en que hasta ahora, no había sido posible determinar cuándo tuvo lugar el poblamiento de los vikingos en América. En el estudio, se afirma que se aportan pruebas de que los vikingos estuvieron presentes en Terranova en el año 1021.

De acuerdo con los investigadores, se supera la imprecisión de las estimaciones de edad anteriores haciendo uso del aumento inducido por los rayos cósmicos en las concentraciones de radiocarbono atmosférico en el año 993 d.C.

Esta conclusión se pudo establecer debido a un suceso cósmico: una tormenta solar que llegó a la Tierra el año 992 y que emitió una señal de radiocarbono que permanece en los anillos de todos los árboles milenarios de la tierra. Lo cual constituye un hito muy importante dentro de la investigación para el conocimiento europeo de América.

Asimismo, demuestra el potencial el potencial de la anomalía del año 993 en las concentraciones atmosféricas de 14C para precisar las edades de las migraciones e interacciones culturales del pasado. Junto con otros eventos de rayos cósmicos, esta característica distintiva permitirá la datación exacta de muchos otros contextos arqueológicos y ambientales.

El vikingo que pisó por primera vez América

Leif Eriksson se creé que fue explorador nórdico que dirigió la primera expedición europea a Norteamérica. Nació en Islandia hacia el año 970 d.C., pasó sus años de formación en la desolada Groenlandia. Hacia el año 1000, Eriksson navegó hacia el este, a su patria ancestral de Noruega. Allí, el rey Olaf I Tryggvason lo convirtió al cristianismo y le encargó el proselitismo de la religión a los colonos paganos de Groenlandia. Eriksson convirtió a su madre, que construyó la primera iglesia cristiana de Groenlandia, pero no a su padre proscrito.

Las leyendas islandesas, llamadas sagas, relatan las hazañas de Eriksson en el Nuevo Mundo alrededor del año 1000. Estas historias nórdicas se difundieron de boca en boca antes de quedar registradas en los siglos XII y XIII. Dos sagas cuentan de forma diferente cómo llegó Eriksson a Norteamérica.

Según la «Saga de Erik el Rojo», Eriksson cruzó el Atlántico por accidente tras desviarse del rumbo en su viaje de regreso desde Noruega tras su conversión al cristianismo. Sin embargo, la «Saga de los groenlandeses» cuenta que el viaje de Eriksson a Norteamérica no fue una casualidad. El explorador vikingo había oído hablar de una tierra extraña al oeste al comerciante islandés Bjarni Herjolfsson, que más de una década antes había sobrepasado Groenlandia y navegado por las costas de Norteamérica sin pisarlas. Eriksson compró el barco del comerciante, reunió una tripulación de 35 hombres y recorrió la ruta en sentido inverso.

Esttua de Leif Eriksson. Fuente: Swash Village

Tras cruzar el Atlántico, los vikingos se encontraron con una tierra rocosa y estéril en el actual Canadá. Eriksson dio a la tierra un nombre tan aburrido como el entorno: Helluland, que en nórdico antiguo significa «Tierra de las losas de piedra». Los investigadores creen que este lugar podría ser la isla de Baffin. A continuación, los nórdicos viajaron al sur, a un lugar rico en madera que llamaron Markland (Tierra de los Bosques), probablemente en el actual Labrador, antes de establecer finalmente un campamento base, probablemente en el extremo norte de la isla de Terranova.

Los vikingos pasaron allí todo el invierno y se beneficiaron de un clima más suave que el de su tierra natal. Exploraron la región circundante, en la que abundaban las praderas exuberantes, los ríos repletos de salmones y las uvas silvestres, tan adecuadas para el vino que Eriksson llamó a la región Vinland (Tierra del Vino).

Tras pasar el invierno en Vinlandia, Eriksson y su tripulación volvieron a casa, a una Groenlandia azotada por el viento, con la madera que tanto necesitaban y abundantes porciones de uva. Eriksson, que sucedería a Erik el Rojo como jefe del asentamiento de Groenlandia tras la muerte de su padre, nunca regresó a Norteamérica, pero otros vikingos siguieron navegando hacia el oeste, hacia Vinlandia, al menos durante la década siguiente. A pesar de los recursos más abundantes de Norteamérica, los colonos vikingos permanecieron en la desolada Groenlandia. Esto se debió quizás a los violentos encuentros -incluido el asesinato del hermano de Eriksson, Thorwald- que tuvieron con la población indígena de Norteamérica.

Fuentes bibliográficas:

  • Ingstad, H. & Ingstad, A. S. The Viking Discovery of America: The Excavations of a Norse Settlement at L’Anse aux Meadows, Newfoundland (Breakwater Books, 2000)
  • Wallace, B. L. in Contact, Continuity, and Collapse: the Norse Colonization of the North Atlantic (ed. Barrett, J.) 207–238 (Brepols, 2003).
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Soy periodista y profesor de Ciencias Sociales, en definitiva, me encanta contar historias que mejoren las vidas de las personas. Por eso, mi pasión es la literatura. Además, soy aficionado a los videojuegos, el cine, la música y las series. Y aunque no lo parezca por esta descripción, no siempre estoy sentado, me gusta hacer deporte, ya lo decía Juvenal: "Mens sana in corpore sano".

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